El cambio climático son las variaciones a largo plazo en las temperaturas y los patrones climáticos, que pueden ser naturales o causadas por actividades humanas como la quema de combustibles fósiles y la deforestación.
Este fenómeno provoca efectos como el aumento del nivel del mar, sequías, inundaciones y temperaturas más extremas, que a su vez afectan la biodiversidad y la disponibilidad de alimentos.
El calentamiento global es la manifestación más evidente del cambio climático y se refiere al aumento promedio de las temperaturas terrestres y marinas.
El cambio climático se origina principalmente por las actividades humanas que liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, como la quema de combustibles fósiles, la deforestación, la ganadería intensiva y el uso de fertilizantes.
Estos gases atrapan el calor del sol, provocando un calentamiento global a un ritmo sin precedentes.
La combustión de carbón, petróleo y gas para el transporte y la generación de energía libera dióxido de carbono (CO2) y óxido nitroso (N2O).
Los árboles absorben CO2, por lo que al talarlos se reduce la capacidad de la Tierra para regular el clima y se libera el carbono almacenado en los árboles.
Los fertilizantes que contienen nitrógeno liberan óxido nitroso a la atmósfera, afectándola de manera masiva.
Ciertos productos y procesos industriales liberan gases fluorados, que tienen un efecto de calentamiento miles de veces más potente que el CO2.
Nuestro estilo de vida, incluyendo el consumo de energía en el hogar, el modo de transporte, los hábitos alimenticios y el consumo de bienes, influye directamente en la emisión de gases de efecto invernadero.
La digestión del ganado, como las vacas y ovejas, produce metano (CH4). El cultivo de arroz y la descomposición de materia orgánica en vertederos también son fuentes importantes de metano.